18/12/25

Siglo y medio ininterrumpidos en el Carnaval:

CONGO GRANDE, DE ÁFRICA A BARRANQUILLA

22 de diciembre de 1875, se crea en el barrio Montes. De Joaquín Brachi a la dinastía Maury. Rey Momo 2026, Adolfo Maury, portador del estandarte. Mañana sábado por la tarde, izada de su bandera 150.

Por Carlos Ramos Maldonado (videos: Ricardo Pérez Ch.)

El lunes 22 de diciembre el grupo folclórico Congo Grande celebra 150 años de haber sido creado en el ahora Barrio Montes, antes una extensión del Barrio Arriba (Rebolo y San Roque), y desde 1876 recorre las calles de Barranquilla durante los carnavales para engalanar de colores, coreografía y música la fiesta más importante del país, desde el año 2001 Patrimonio Cultural de la Nación y posteriormente Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

El nombre Congo Grande viene del Congo, una extensa región ecuatorial de África bañada por un río grande y profundo que nace entre los lagos Tanganica y Nyasa, al centro del continente “Ifri-Kia”, y desemboca en el Océano Atlántico, y hasta donde los comerciantes portugueses llevaban a los negros bantúes cazados y amarrados con collares y grilletes para embarcarlos en las ergástulas marinas y convertirlos en esclavos durante la colonia española. Así llegaron al puerto de Cartagena de Indias, pero consigo traían su alma guerrera cargada de resistencia, una lengua a la que temían los cristianos, una percutida música yoruba que honraba a sus orishas y la nostalgia de unos atuendos nobiliarios que en las fiestas de la Candelaria los invasores europeos permitían disfrutar, mediante alegorías.

Brachi y vecinos, congos con manual de estilo

Los carnavales de Barranquilla datan de tiempos remotos, se dice que desde el siglo XVII (“cuando el tirano mandó”), desde que el varadero de canoas denominado “Sabanitas de Camacho” se convirtió en cruce de caminos de libres para comerciar entre indios chimilas y mocanás, negros libertos y criollos o peninsulares, también, barrancas donde para las fiestas religiosas, como las de la Candelaria o la Virgen del Carmen (ambas “Oyá” de la santería africana), se permitían licencias populares paganas con música y disfraces informales para “la agitación de todas las fibras, el olvido de todos los pesares y el anhelo de todas las locuras…”

"El aguador", comerciante de agua en Barranquilla./ André, Édouard L’Amérique Équinoxiale (Colombie-Equateur-Perou) París, Librería Hachette, 1869, p. 16

Esta costumbre sincrética pudo haber sido el origen de los carnavales en Barranquilla, que acá se le fue dando forma en los días previos al comienzo de la cuaresma, según la tradición europea, y que comenzó a tomar representación más organizada cuando la instauración del federalismo en Colombia que permitió la apertura económica (puerto y ferrocarril de Sabanilla), la inversión extranjera y, en consecuencia, la inmigración foránea y de campesinos riaños (portadores de la cultura anfibia) que vinieron atraídos por el sueño urbano. Y en todo ese progreso citadino se organizaron, por un lado, los clubes sociales de las élites, y, por el otro, las primeras agrupaciones folclóricas populares.

De los desfiles no se tienen noticias iniciales, pero sí de encuentros públicos en la Calle Ancha, detrás de la iglesia de San Nicolás, donde ricos y pobres intercambiaban manifestaciones culturales y celebraban las “dionisíacas” para “admirar los privilegios ajenos y burlarse de las miserias propias”. Se sabe de bailes, música en vivo, disfraces individuales y colectivos informales, entre ellos negros congos, animales, garabatos, paloteos, pea-peas, capuchones, cumbiambas, entre otros del pueblo llano, y burros amarrados alrededor de la plaza.

Registro Youtube (“historia del Caribe: Carnaval de Barranquilla”)

Hasta el 16 de julio de 1875, cuando en el sector de Rebolo del Barrio Arriba, un grupo de amigos liderados por Luis Rodríguez, la mayoría trabajadores del matadero público, el primero de Barranquilla, que quedaba en la vía a Soledad, decidieron organizar la primera danza de negros congos, allí mismo en la placita de la capilla de la Virgen del Carmen (donde hoy queda el Centro Social Don Bosco) para celebrar su devoción, y la llamaron Toro Grande (tal vez rememorando a Gurzil, un minotauro bebere), con indumentaria, música y coreografía de acuerdo a la usanza cartagenera, heredera de los cabildos africanos, pero con rasgos de teatro callejero al estilo de la Barranquilla popular de entonces.

Y el 22 de diciembre de ese mismo año, en el callejón Providencia con calle España (la misma Calle Ancha, después Camellón Abello y Paseo Colón, hoy Paseo Bolívar), el comerciante de artesanías de origen italiano Joaquín Brachi fundó el Congo Grande. Dice la página oficial del carnaval que “el mismo Brachi y sus colaboradores más cercanos, Manuel Efro, Luis Macías y Teobaldo De la Ranz, hicieron una especie de manual de estilo en el que detalladamente diseñaron la línea de mando –líderes de cuadrillas-, los personajes (negros congos, portaestandartes –que llevaban algunas mujeres vestidas como los hombres- y animales), la coreografía serpenteada, -o en círculo y al estilo mariposa-, el vestuario y la música de su danza”, fusionando rituales ancestrales con la exuberancia caribeña. Desde un comienzo definieron la icónica “gola negra”, para rendir culto a los antepasados y visitar desde entonces el cementerio el lunes de carnaval, y tener al menos un “negro trasvestido y vacilador”, símbolo de la libertad “bacana” (del dios Baco) y del teatro callejero.

Adolfo Maury, actual director del Congo Grande, habla sobre la historia del grupo folclórico:

La coreografía tiene dos momentos: uno llamado Paso de Marcha, para desplazarse en pareja enganchados por los brazos y balanceándose de manera cadenciosa, blandiendo el machete o la garrocha con la mano libre –pues en la otra, además, cargaban un muñequito cualquiera e indistinto-, al ritmo de la música tamboreada, más guacharaca larga y canto de pajarito (solista y coros), y el otro, el Baile de Casa, cuando se danza mediante zapateos y actitud guerrera de manera estacionaria rodeando a los músicos, a los que se acompaña con palmas. Adelante, la fauna retoza haciendo la mímica de los animales correspondientes.

El 26 de febrero del año siguiente, 1876, participaron en su primer desfile sabatino en la Calle Ancha, los dos días siguientes visitaron y bailaron en la casa de cada integrante o de algunos personajes locales, y el martes, después de un parecido lumbalú, recorrieron el Suroriente de la pequeña urbe desde la placita de la Virgen del Carmen hasta la Plaza 7 de abril (hoy, Parque Almendra), en la que se encontraron con el Toro Grande enfrentándose sin razón o por irrespeto a los "maricas" o por “líos de faldas” en una real trifulca armados con “picha” de toro y vejiga de cerdo disecada e inflada, a veces, trompeando o con sus machetes de madera, de la que resultaron algunos heridos, asunto que se repitió por muchos años y que hoy se recuerda amablemente como La Conquista, y de la que ahora hacen parte muchos disfraces individuales y grupos folclóricos en desfiles pacíficos por otras vías de la Ciudad.

El Toro Grande desfilando las calles polvorientas del Suroccidente de Barranquilla (Fotos archivo Carnaval)

Escisiones y colores del carnaval

Desde su primera incursión, el Congo Grande no ha dejado de participar en el carnaval (a excepción de los años de la llamada Guerra de los Mil Días -1899/1902-, aunque la danza sí salió en desfiles callejeros), y en 1903 (cuando se formalizó la Batalla de Flores) más algunos años siguientes intervino débilmente pues comenzaron a darse escisiones que conllevaron al surgimiento de otras danzas de congos, y de esas nuevas, otras, igual como sucedió también con el Toro Grande –que dejó de existir varios años-, de la que se desprendió el Torito Ribeño desde 1878 y otras que ahora desfilan en los diversos escenarios de las carnestolendas, entre ellas el Toro Cimarrón de Las Nieves y el Congo Barranquilla de Rebolo.

Adolfo Maury, actual director del Congo Grande y Rey Momo 2026 se refiere a las escisiones:

De las casi cien parejas del comienzo y cerca de cincuenta animales, en el desfile de 1903 apenas salieron unas cincuenta personas, pero se logró recuperar el grupo en los años 50s por el apoyo recibido por la Sociedad de Mejoras Públicas, que impulsó la organización del Carnaval fortaleciendo su identidad cultural como patrimonio vivo en espacio público. En ese nuevo resurgir, el grupo llegó a tener 280 negros, casi cien negras y más de cien animales y era la manifestación folclórica que acompañaba a la reina del carnaval en los desfiles oficiales.

En la carrera 20 de Julio ya el Congo Grande restauró su posicionamiento histórico, dándole mejor forma al vestuario, tanto de hombres como de mujeres, a la coreografía y a la música, expresiones que hoy son orgullo no solo de la danza misma, sino de la salvaguarda y promoción del propio Carnaval de Barranquilla.

El vestuario de los hombres, que se pintan de blanco el rostro con círculos de colores en las mejillas, además de las gafas oscuras, es el siguiente, semejando el uniforme de los soldados portugueses: unas sandalias o babuchas, generalmente blancas, rojas o negras; un pantalón tradicional bota ancha con arandelas de diferentes colores en los laterales y dobladillos, en la mayoría de las veces los de la bandera de Barranquilla, con parches en las rodillas en forma de copas o cuadros; una camisa manga larga con puños de colores; una pechera, capa y gola decoradas con figuras de animales y escudos del Junior, y un turbante de añoranza afro, a veces extravagante, adornado individualmente, pero todos con el mismo estilo, que pueden portar figuras de animales, flores artificiales o espejos, más una penca larga que sale de atrás y llega hasta los talones, cruzada por cintas, encajes y otros elementos no pesados, y al final una moña grande que hasta puede arrastrar. Y el director no lleva turbante, sino un sombrero engalanado a usanza riaña o sabanera:

Adolfo Maury y Óscar Barrios, directores de las danzas Congo Grande y Toro Grande, respectivamente

Y las mujeres, que se integraron mucho después como tales, se visten de la siguiente manera: faldas con dos o tres líneas de volantes corrugados abajo, cada una con colores diferentes; la blusa escotada y sin mangas, también con volantes, collares vistosos al cuello y flores artificiales en la cabellera, con el rostro pintado muy femenino. Las babuchas iguales que las de los hombres, y las telas de ambos eran de pana o satín, aunque ahora se usan muchas lentejuelas.

Le interesa: baile e izada de bandera Congo Grande, 2024 - https://web.facebook.com/watch/?v=1700110093809636

Generaciones, dinastías y Rey Momo

La idea inicial de Brachi y sus aliados era que el grupo tuviese una dirección rotativa entre fundadores y líderes de cuadrillas destacados, así que las sucesiones se dieron con Miguel Efro, Luis Macías y Teobaldo De la Ranz, de la primera generación; después estuvieron al mando los hermanos Néstor y Edwin Linero y Dionisio Muñoz en dos ocasiones, que con este último se considera fue una época de oro del Congo Grande, teniendo como codirector a Ramón Benedetti; llegó mucho después la tercera generación entre Carlos De Moya y Ubense Santamaría, siguiendo otra época con Luis y Ángel Almanza, Benigno Hernández, Gilberto Altamar y su cuñado Ventura Cabrera De la Ranz, descendiente este del fundador Teobaldo y padre de Gloria Cabrera, quien asume en el 2006 con su marido el mando de la quinta generación de congos con su sobrino Álvaro Altamar Cabrera y su hijo Adolfo Maury Cabrera, Rey Momo del Carnaval 2026, lo que consolida la última dinastía.

El grupo ha tenido sedes en varios barrios populares de la Ciudad, en diferentes épocas: Barrio Montes, Barrio Abajo, San Isidro, Chiquinquirá, Nueva Granada, San Felipe, Pumarejo, Los Andes y, otra vez, San Felipe, en el boulevard de la 64, donde mañana se iza su bandera número 150.

Precisamente, ahora el estandarte lo tiene Adolfo Maury, un técnico de mantenimiento y vigilante de una empresa privada, pero principalmente hacedor, artista y gestor del Carnaval de Barranquilla, fiesta en la que participa desde niño, hace 50 años, cuando la danza llegaba a su primer centenario y su sede era el barrio Pumarejo, donde Adolfo nació, y donde comenzó a organizar el semillero de la nueva generación con los hijos de los integrantes del grupo folclórico, incluidos ahora sus hijos y sus nietos. Es el Rey Momo (una tradición proveniente de la cultura grecorromana) número 31 desde que se retomó esta tradición por la Calle 17 y el boulevard de Simón Bolívar de la Ciudad, en 1995, y el tercero de las danzas de congos y toros después de Alfonso Fontalvo, del Torito Ribeño, y Julio Sánchez, del Congo Reformado. Cabe recordar que en 1881 hubo Rey Momo en el Carnaval, en cabeza de José De la Rosa.

Adolfo Maury es considerado uno de los reyes Momo más auténticos que se han escogido para el carnaval central de Barranquilla, por lo que representa en la tradición y por su liderazgo para preservar y promover el imaginario local, regional, nacional e internacional que se tiene de la identidad propia de la denominada cultura anfibia.

Foto archivo Carnaval

Así que desde mañana sábado por la tarde, con el apoyo de la Secretaría de Cultura, que lidera muy bien el también gestor cultural Juan Carlos Ospino Acuña, y de la organización Carnaval de Barranquilla, que preside Juan José Jaramillo, el Congo Grande con su director Rey Momo 2026 estará haciendo presencia con la reina Michelle Char Fernández en cuanta sede folclórica o candidata a reinado popular realice evento en la capital del departamento del Atlántico, y hasta más...

"... Ya no puedo cantar más, tengo herido el gargantón

tengo herido el gargantón, (coro) ya no puedo cantar más...

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ya no puedo cantar más, (coro) tengo herido el gargantón..."

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